No sé por qué escribo,
ni tampoco por qué recuerdo,
cuando no debo,
tu falta de decisión.
Cuando yo aquí, soñolienta,
mirando a la nada,
cierro los ojos sin cerrarlos,
y imagino que, de repente,
con un arrebato inesperado,
me hundes entre tus brazos,
y con una sonrisa inocente,
en ese mísmo momento,
me siento querida.
Veo la gente salir, gritar, llorar,
y yo, aquí te espero,
mientras con una sonrisa,
para nada sincera,
les hablo de mi felicidad.
Me decido a salir, avanzo, indecisa,
y te veo, sonrío, te abrazo,
te vas, me voy, y yo,
sigo esperando.


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