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domingo, 11 de marzo de 2012

My own way

Empiezas, lo sientes, ha llegado. Te sumerges en la inmensidad del mundo por un momento, viajas miles de kilómetros, tu cuerpo se funde... el viento del sur te mece de un lado a otro, te zambulles en un océano, las gotas de agua saltan por encima de tu cuerpo mientras tus manos avanzan hacia delante, apoyas los pies en la arena mojada y con un impulso te abalanzas intentando alcanzar las nubes, húmedas, como tu cuerpo aún empapado...

Sentada en una nube, sientes un escalofrío, tu mirada se dirige hacia abajo, de repente, tus ojos se encuentran con los de un animal, una especie de simio... te mira fijamente, reconoces algo en él, a ti mismo, pensaste... algo que puede que faltara... una ráfaga de viento te precipita al vacío más profundo, de pronto una gran águila, imponente, te recoge entre sus largas alas y te ayuda a viajar... te deja caer sobre una gran selva, cuyo fin no pueden asimilar tus ojos... te dejas caer en una enorme palmera y alguien, por casualidad, ha dejado una liana entre tus manos. Recorres todo el paisaje y cuando llegas al final, te encuentras al mono anterior, que extraño, piensas... ¿Cómo ha podido llegar tan rápido? Te acercas cautelosamente, le coges la mano, y la acurrucas con fuerza contra tu pecho. Le miras a los ojos, tienen un brillo especial, y te ves a ti, sonriendo, feliz, de hecho, es algo que me faltaba, y ya lo he encontrado.

lunes, 27 de febrero de 2012

Mensaje para TODA la humanidad


El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido.
 La codicia... ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas.
Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros,
lo mismo que crea abundancia, nos deja en la necesidad. [...]


Ací tan sols us deixe un dels fragments d'aquest vídeo, una reflex de tot el que la humanitat deuria de replantejar-se alguna volta, mirar més enllà d'aquesta societat de desigualtat i injustícia, i de crueltat.

jueves, 19 de enero de 2012

Buen ejercicio de reflexión :)


–Y a continuación –seguí–, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, a la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabique parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.

–Ya lo veo –dijo.
–Pues bien, imagínate ahora, a lo largo de esa pared, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

–¡Qué extraña escena describes –dijo– y que extraños prisioneros!
–Iguales que nosotros –dije–, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí
mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está
frente a ellos?
–¿Cómo –dijo–, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
–¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
–¿Qué otra cosa van a ver?
–¿Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?

–Forzosamente.
–¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
–No, ¡por Zeus! –dijo.
–Entonces no hay duda –dije yo– de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.

–Es enteramente forzoso –dijo.
–Examina, pues –dije–, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a la naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por quedarse deslumbrado, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?

–Mucho más –dijo.
–Y si se le obligara a fijar su vista en la misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría que éstos son real- mente más claros que los que le muestra.

–Así es –dijo.
–Y si se lo llevaran de allí a la fuerza –dije–, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?

–No, no sería capaz –dijo–, al menos por el momento.
–Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. lo que vería más fácilmente
serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.

–¿Cómo no?
–Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y
contemplar.

–Necesariamente –dijo.
–Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.

–Es evidente –dijo– que después de aquello vendría a pensar en esto otro.
–Y que cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de
cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
–Efectivamente.
–Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquéllos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente «trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio» o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?

–Eso es lo que creo yo –dijo–: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
–Ahora fíjate en esto –dije–: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?

–Ciertamente –dijo.
–Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad –y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse–, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían, si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?

–Claro que sí –dijo.
–Pues bien –dije–, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tu deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibido, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.


“El mito de la caverna”: Platón, República, VII, 514a–521b

jueves, 11 de agosto de 2011

Starry night ballance


(Starry night ballance, Van Gogh)


       Me he dado cuenta de que soy una persona con muy poca voluntad. Si me paro a pensar, todas las cosas que supuestamente odio o se me dan mal no son cosas tan imposibles de conseguir. Rompí la barrera que separaba mis limitaciones y mi esfuerzo, y se fusionaron, haciéndome creer que no valdría la pena ningún esfuerzo, mis limitaciones me frenarían el conseguir mis propósitos.

      Cuando vas creciendo y esos propósitos se hacen irremediablemente imposibles de dejar a un lado, empiezas a sacar esa parte de voluntad que tenías escondida tanto tiempo, y sin querer surge la inconstancia. Pero cuando ambas cosas desaparecen y empiezas tranquilamente a superar tus objetivos, te das cuenta que con un poco de concentración y optimismo todo es más fácil de lo que creías, y lo que no habías conseguido en años lo consigues apenas en unos días. En ese momento, por supuesto, te sientes imbécil, y es ahí cuando te das cuenta que más vale crearse esa constancia desde un principio, porque cada vez la vida te la va pidiendo con más fuerza, hasta llegar a un punto de inflexión dónde tienes que asumir todas tus responsabilidades, supongo que a eso se le llame tener que madurar. 


http://www.youtube.com/watch?v=rQi8wEHMm5Y