Empiezas, lo sientes, ha llegado. Te sumerges en la inmensidad del mundo por un momento, viajas miles de kilómetros, tu cuerpo se funde... el viento del sur te mece de un lado a otro, te zambulles en un océano, las gotas de agua saltan por encima de tu cuerpo mientras tus manos avanzan hacia delante, apoyas los pies en la arena mojada y con un impulso te abalanzas intentando alcanzar las nubes, húmedas, como tu cuerpo aún empapado...
Sentada en una nube, sientes un escalofrío, tu mirada se dirige hacia abajo, de repente, tus ojos se encuentran con los de un animal, una especie de simio... te mira fijamente, reconoces algo en él, a ti mismo, pensaste... algo que puede que faltara... una ráfaga de viento te precipita al vacío más profundo, de pronto una gran águila, imponente, te recoge entre sus largas alas y te ayuda a viajar... te deja caer sobre una gran selva, cuyo fin no pueden asimilar tus ojos... te dejas caer en una enorme palmera y alguien, por casualidad, ha dejado una liana entre tus manos. Recorres todo el paisaje y cuando llegas al final, te encuentras al mono anterior, que extraño, piensas... ¿Cómo ha podido llegar tan rápido? Te acercas cautelosamente, le coges la mano, y la acurrucas con fuerza contra tu pecho. Le miras a los ojos, tienen un brillo especial, y te ves a ti, sonriendo, feliz, de hecho, es algo que me faltaba, y ya lo he encontrado.



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