Un mar de lágrimas caían sobre sus ojos, dejando ver una silueta difuminada al fondo del pasadizo...
En un suspiro, aquella especie de fuego fatuo torció la cabeza para clavar su mirada en el iris de su fuego intenso, incesante, inocente... Las piernas, aquellas que siempre veía consistentemente fuertes, empezaron a temblar, temblaban, nerviosas, no de miedo, sino de emoción... Una brisa helada se sumergió suavemente en todo su cuerpo, reconfortándola, y en un instante, un copo de nieve cayó en la punta de su nariz. "Esto es muy raro", pensó... Se sintió extrañamente mareada, débil e indefensa. Cerró los ojos, tenía sueño... sólo quería sumirse en un sueño largo y profundo, convirtiendo la nieve en estrellas y al fuego, en sol.
















