(Starry night ballance, Van Gogh)
Me he dado cuenta de que soy una persona con muy poca voluntad. Si me paro a pensar, todas las cosas que supuestamente odio o se me dan mal no son cosas tan imposibles de conseguir. Rompí la barrera que separaba mis limitaciones y mi esfuerzo, y se fusionaron, haciéndome creer que no valdría la pena ningún esfuerzo, mis limitaciones me frenarían el conseguir mis propósitos.
Cuando vas creciendo y esos propósitos se hacen irremediablemente imposibles de dejar a un lado, empiezas a sacar esa parte de voluntad que tenías escondida tanto tiempo, y sin querer surge la inconstancia. Pero cuando ambas cosas desaparecen y empiezas tranquilamente a superar tus objetivos, te das cuenta que con un poco de concentración y optimismo todo es más fácil de lo que creías, y lo que no habías conseguido en años lo consigues apenas en unos días. En ese momento, por supuesto, te sientes imbécil, y es ahí cuando te das cuenta que más vale crearse esa constancia desde un principio, porque cada vez la vida te la va pidiendo con más fuerza, hasta llegar a un punto de inflexión dónde tienes que asumir todas tus responsabilidades, supongo que a eso se le llame tener que madurar.
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