sábado, 19 de noviembre de 2011

blackbird*


Una bandada de cuervos daban círculos alrededor, graznando fuertemente, insoportables, insistentes. Abría y cerraba los ojos, las manos a los oídos, punzadas fuertes en la cabeza. Entré rápidamente en casa, resguardada de aquel murmullo infernal. Me acosté en la cama, el rostro tapado por la fría manta en el frío invierno. Me encontraba inestable, aunque tranquila, tenía sueño. Cerré los ojos y dormí, mucho tiempo. Los cuervos habían dejado de graznar, ahora daban picotazos en mi ventana, cada uno de los cuáles sonaba como una bala en el estómago. Creó que soñé, un mundo con gaviotas, y sin cuervos, era bonito. Luego volví a despertar y decidí, que al día siguiente me desharía de esos malditos pájaros.


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