martes, 6 de diciembre de 2011

No por cumplir tus expectativas rechazes tu felicidad.


A pasarme la tarde leyendo Yerma y estudiando Historia... Aquí os dejo un fragmento que por ahora es el que más gracia me ha hecho:

Oye, ¿a ti te gusta tu marido?

¿Cómo?

Que si lo quieres, si deseas estar con él.

No sé.

¿No tiemblas cuando se acerca a ti? ¿No te da así cómo un sueño cuando acerca sus labios? Dime.

No. No lo he sentido nunca.

¿Nunca, ni cuando has bailado?

Quizá... una vez... Víctor (no es su marido)

[...]

Todo lo contrario que yo. Quizá por eso no hayas parido a tiempo. Los hombres tienen que gustar, muchacha. Han de deshacernos las trenzas y darnos de beber agua en su misma boca. Así corre el mundo.

El tuyo, que el mío no. Yo pienso muchas cosas, muchas, y estoy segura que las cosas que pienso las ha de realizar mi hijo. Yo me entregué a mi marido por él, y me sigo entregando para ver si llega, pero nunca por divertirme.

¡Y resulta que estás vacía!

 No, vacía no, porque me estoy llenando de odio. Dime ¿tengo yo la culpa? ¿Es preciso buscar en el hombre el hombre nada más? Entonces, ¿qué vas a pensar cuando te deja con los ojos tristes mirando al techo y da media vuelta y se duerme? ¿He de quedarme pensando en él o en lo que puede salir relumbrando de mi pecho? Yo no sé, pero dímelo tú, por caridad.

(Yerma, F. García Lorca)

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