martes, 19 de junio de 2012

Destellos del tiempo y de las olas

Fuiste esculpiendo una a una 
las fricciones y roces que sentimos aquellos días. 
Cada momento, al salir el sol,
 descendía las calles, las plazas, los parques... 
en las paredes se veían escritos 
los pensamientos que rondaban tu cabeza, 
y se reflejaban en tu mirada, 
pero no llegaban a surgir de tus labios, 
aquellos que tantas veces vi curvarse 
en algo parecido a una sonrisa.

No sabes cuanto lamento todo lo ocurrido, 
 mi incapacidad para darme cuenta,
 o al menos para actuar, 
y salvar aquella situación
 que en un principio parecía insostenible.


Me cogías de las manos,
 me sonreías
 y tus dulces palabras me sumían
en un falso estado de seguridad,
 que cobardemente asumí,
 y no decidí abordarlo y reconocer, 
que algo había pasado, 
que uno de nosotros no volvería a ser el mismo.


 Malestar, sueños, 
pinchazos, dolores ardientes 
como el hierro a fuego vivo...

Pero realmente llegué a creerlo,
 como el criminal que se logra convencer a sí mismo 
que han sido sus manos y no sus rencores y delirios
 los que le han llevado a cometer
 tal acto de rebelión  interior, 
injusto, y egoísta.  

En este papel dejo mis penas 
acumuladas desde tanto tiempo, 
y no logro recordar exactamente la razón de ellas.

 Sólo me vienen imágenes nítidas a la cabeza, 
un crimen tras otro, 
a mi misma alma, 
inseguridades, problemas sin solución a la vista 
que voy almacenando, y archivando de alguna forma...
 en un cajón,cuya llave arrojé 
a la inmensidad de las olas, del océano,
 arrastrando con ella todo mi ser, mi cuerpo, flotando, deslizándose. 
Brazos extendidos, ojos cerrados, respiración profunda,
 amor, deseo, egoísmo... inseguridad,
 y más sueño... 

Veo avanzar las agujas del reloj
 como avanza nuestro desastre,
 nuestra incomprensión,
 nuestro sol ardiente y sofocante.

 Noches que abren sus preciadas flores, 
las abren hasta llegar a lo más alto, 
el punto clave de la luna, de las estrellas...
 sentimientos y placeres que poco a poco 
fueron aminorando 
hasta volver a cerrar sus pétalos...
 que cada noche volverán a vivir, 
de una manera distinta, 
como quiera la luna, y las estrellas...

 yo siento esa misma sensación, 
los pétalos se abren y se olvidan de mis deseos,
  se encuentran a merced de la luna, 
que es juguetona y cambiante... 
pero sin embargo las flores
 sienten una profunda atracción 
por sus destellos blancos, brillantes, cautivadores... 

Venid conmigo
 luna, sol, flores, océanos,
 alma, luz, oscuridad...
 venid conmigo
 y romperos dentro de mi, 
equilibrad esta alma que se va rompiendo 
poco a poco, 
y no os divirtáis en este juego cruel, 
 dónde todos vosotros os enzarzáis 
en un eterno baile 
alrededor de la oscura hoguera de mi existencia. 

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