Fuiste esculpiendo una a una
las fricciones y roces que sentimos aquellos días.
Cada momento, al salir el sol,
descendía las calles, las plazas, los parques...
en las paredes se veían escritos
los pensamientos que rondaban tu cabeza,
y se reflejaban en tu mirada,
pero no llegaban a surgir de tus labios,
aquellos que tantas veces vi curvarse
en algo parecido a una sonrisa.
No sabes cuanto lamento todo lo ocurrido,
mi incapacidad para darme cuenta,
o al menos para actuar,
y salvar aquella situación
que en un principio parecía insostenible.
Me cogías de las manos,
me sonreías
y tus dulces palabras me sumían
en un falso estado de seguridad,
que cobardemente asumí,
y no decidí abordarlo y reconocer,
que algo había pasado,
que uno de nosotros no volvería a ser el mismo.
Malestar, sueños,
pinchazos, dolores ardientes
como el hierro a fuego vivo...
Pero realmente llegué a creerlo,
como el criminal que se logra convencer a sí mismo
que han sido sus manos y no sus rencores y delirios
los que le han llevado a cometer
tal acto de rebelión interior,
injusto, y egoísta.
En este papel dejo mis penas
acumuladas desde tanto tiempo,
y no logro recordar exactamente la razón de ellas.
Sólo me vienen imágenes nítidas a la cabeza,
un crimen tras otro,
a mi misma alma,
inseguridades, problemas sin solución a la vista
que voy almacenando, y archivando de alguna forma...
en un cajón,cuya llave arrojé
a la inmensidad de las olas, del océano,
arrastrando con ella todo mi ser, mi cuerpo, flotando, deslizándose.
Brazos extendidos, ojos cerrados, respiración profunda,
amor, deseo, egoísmo... inseguridad,
y más sueño...
Veo avanzar las agujas del reloj
como avanza nuestro desastre,
nuestra incomprensión,
nuestro sol ardiente y sofocante.
Noches que abren sus preciadas flores,
las abren hasta llegar a lo más alto,
el punto clave de la luna, de las estrellas...
sentimientos y placeres que poco a poco
fueron aminorando
hasta volver a cerrar sus pétalos...
que cada noche volverán a vivir,
de una manera distinta,
como quiera la luna, y las estrellas...
yo siento esa misma sensación,
los pétalos se abren y se olvidan de mis deseos,
se encuentran a merced de la luna,
que es juguetona y cambiante...
pero sin embargo las flores
sienten una profunda atracción
por sus destellos blancos, brillantes, cautivadores...
Venid conmigo
luna, sol, flores, océanos,
alma, luz, oscuridad...
venid conmigo
y romperos dentro de mi,
equilibrad esta alma que se va rompiendo
poco a poco,
y no os divirtáis en este juego cruel,
dónde todos vosotros os enzarzáis
en un eterno baile
alrededor de la oscura hoguera de mi existencia.


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