sábado, 9 de marzo de 2013

Mouvement introductif d'un autre automne


Sophie bailaba al son del viento en las ramas de los árboles, crujientes, oscuras, frágiles, anunciando la llegada de una nueva etapa en su vida. Dando brincos por aquel paisaje idílico, las hojas se quebraban con cada paso, y con ellas todas las experiencias vividas durante aquel largo verano, tan cálido como ese sentimiento que recorría sus venas en ese instante, se sentía viva, feliz, exuberante de pasión, alegría, libertad, música… Sabía, en cualquier caso, todos los caminos que le quedaban por recorrer.
El otoño se acercaba, la soledad acechaba en cada esquina, pero también veía oportunidad para meditar, aprender, crecer espiritualmente. Y dio otro salto, se colgó de una rama, esta vez más estable y con algunas hojas sobresaliendo, aún marchitándose… Cerró los ojos, se imaginó flotando en océanos inmensos, el reflejo de aquel cielo que podía resucitar aquellas almas perdidas en el naufragio de sus vidas, acariciaba a Sophie, haciéndole volver a la realidad. Una vibración se apoderó del ambiente; al principio suave, luego más estridente.
La muchacha avanzó hacia delante, sin pensar en nada más, sólo en que sus piernas no cesaran aquel baile que la ayudaría a crecer, y a encontrar aquel árbol frondoso del que todos hablaban, que incluso en otoño se mantenía firme, majestuoso, y libre de las amenazas de las almas malditas. Aquel sonido fue convirtiéndose en algo suave, melódico, le pareció un violín, triste, melancólico, pero que con cada paso se iba tornando hacia el optimismo, la alegría, la superación personal… Cada nota, cada melodía… incitaba a seguir, a tomar una posición diferente ante la vida, y así ocurrió, Sophie siguió caminando, corriendo sin detenerse, mirada hacia delante, decisiva. Y de pronto, inconscientemente, alzó el rostro, el paisaje dejaba entrever algunas hojas, totalmente diferentes a las anteriores, poseían un verde mágico, hipnótico.
Los ojos se le encendieron de placer, al ver, unos segundos después… algo parecido a un espejismo, que le atraía irremediablemente, no sabía si a la más profunda desesperación o al más profundo de los placeres, pero sin saber cómo ocurrió, sus brazos envolvieron a aquella gran criatura de la naturaleza, y por primera vez, Sophie, no volvió a correr. Aquella unión era tan fuerte, tan embriagadora, que sentía por primera vez que podría coger las riendas de sí misma, y volar, volar más allá de aquel bosque, y de aquellas ramas frágiles, débiles… y así fue, desplegó sus alas y se deslizó más allá de los océanos soñados, de su misma existencia, y por fin, supo que no tendría que volver a escapar.

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