Días en los que simplemente, la única solución es no pensar, hacer lo que en ese momento se supone que quieres hacer, y cuando te aburras de ello, si te parece, cierres los ojos y esperes al amanecer del nuevo día, con los ojos ya remojados en realismo y simple optimismo natural, pero natural, no forzado, ya que desembocará en un nuevo día improductivo. Entonces, allá vamos.
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