Cuántas mentes increíbles.
Cuántas personas, cuantos despertares matutinos,
cuánta invención,
cuánta noche,
cuánto fervor,
cuántas voces, dulces, penetrantes,
cuánta brisa, pensamientos, difusos, bellos.
Por fin voy a saber que dice esta persona, el señor Friedrich, siempre oyendo su nombre por cada rincón y no teniendo "la más remota idea" de lo que pasaba por su cabeza. Es curioso que, cuando llevas tanto tiempo aferrándote a un nombre, a una intuición de lo que será, de lo que no será, te agarras inconscientemente a ese desconocimiento. Las cosas que más pasión te despiertan son las más difíciles de tratar, difícil adentrarse en ellas...



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